Héctor González(vh).- El aguerrido Joaquín Corredor supone una inagotable fuente de inspiración para redactar columnas de opinión. Ahora, con su proclamación como cabeza de lista de Coalicio Valenciana por Alicante, me ha dado pie y medio para relatar sus avatares.
Se trata de uno de los protagonistas más promiscuos de la vida pública valenciana. En el buen sentido de la palabra, claro está. Y con el cariño que le profeso, como bien sabe.
En los últimos siete años ha militado hasta en cuatro partidos diferentes. Recuerdo sus incipientes plenos en La Pobla de Farnals, cuando era el único concejal del PP, allá por los albores de los 90.
Después, tras conquistar su antaño partido el extinto Consell Metropolitá de l’Horta, se convirtió en uno de los visitantes asiduos del despacho de su presidente, el carismático alcalde de Rafelbunyol, Jaime García García.
Pero cometió el ‘desliz’ para el PP de oponerse a la imposición del setabense Pepe Díez como presidente provincial. Se recorrió toda la provincia para lograr adeptos y estuvo a punto de dar un susto mayúsculo al candidato escogido por Zaplana. Pero era una batalla perdida de antemano.
De allí se exilió a UV, donde se hermanó con Chiquillo. Duró lo poco que tardaron en emerger las evidentes desavenencias. Luego llegó el Partido Regionalista y después CV. Segundo intento de ser diputado autonómico. Pese a sus ribetes de ser más castellano que el chinchón, tiene corazón valencianista. Y parece que ha hallado su lugar.
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