Héctor González (Vh).- El verano no ha ablandado o trastocado los tics de nuestros políticos. Simplemente los ha aletargado. La vida pública sólo ha sufrido una pausa tras la cual todo sigue igual.
Que se lo digan a ese pequeño reino de taifa que parece EU. Glòria Marcos no aprende de su aislamiento. Tanto sufrimiento personal y político que ha sobrellevado en los últimos meses no le ha inducido a atrincherarse en una recóndita casa rural y practicar una vida más saludable. Sigue erre que erre. Enfrentada a la renovación.
Con Ricardo Sixto y Amadeu Sanchis como báculos o muletas que apenas pueden sostenerla, continúa buscando un hueco por donde asomar su rojiza cabellera y que la sociedad sepa que el PC controla aún EU.
Marcos envía sus propias notas de prensa, mientras que Compromís, con Paco García trabajando a destajo como asesor, elabora otras bastante diferentes. Todas con el rostro regenerativo de Mónica Oltra. Curioso. Tan pocos como son y qué mal se llevan. Vamos, igual o peor que antes del verano.
La misma canción, con idénticas promesas, ocurre en UV. Su histriónico presidente, José Manuel Miralles, trata de vender que emergen con los mismos argumentos con los que consumó el hundimiento. Palabras, palabras, como dice la canción. Cuatro frases aprendidas en dos cursos de marketing y a esperar hasta 2011.
Pese a la debacle compartida, UV y CV parece que continúan su senda divergente. De juntarse, nada de nada. Y las elecciones generales ya están ahí. Cada cual sabrá.
El PSPV, por su parte, anda paulatinamente más sumido en sus luchas cainitas por tomar posiciones de cara al congreso de relevo de Pla. Lo triste resulta que aún quedan diez meses para que se celebre. Casi un año para autoflagelarse, mientras, entremedio, ZP se juega el tipo. Poca solidaridad recibe desde la Comunidad Valenciana.
La cara, el PP, que, sobrado de votos, observa el fratricida desgaste de su menguante oposición. La vida sigue igual.