pedro Javier Cáceres.- ... El ‘belluga’ pasa desapercibido. O que los paladares no están hechos para la ‘delicatessen’. O que hubo abstención de aficionados o que, simplemente, tienen la mente puesta en el jueves.
Ya lo dijo el clásico: “cuando la limosna es grande hasta el pobre desconfía”.
Y es que (Valéncia hui, suplemento de Fallas) estas corridas teloneras -alguna- tenía lujos sospechosos. También apuntábamos la incorrecta ubicación en el serial de Uceda Leal, más propio por empaque, madurez y currículo de abrir carteles después del jueves.
Son, estos primeros, carteles de cocido montañés y fabada asturiana y el personal se pone babero para enjugar el goteo. No tiene ‘in mente’ los cubiertos apropiados para ‘exquisiteces’; sólo la cuchara.
No será frecuente, en toda una feria que queda por delante, ver a un torero con tanto empaque y bien vestido hacer de un toro medio un toro bueno, ni una edificación de faena con la mampostería tan ordenadamente colocada sustentada por sólido forjado, hasta cubrir aguas y colocar la bandera. Pocos se enteraron, cinco o seis pañuelos a pesar de los dos descabellos tras una muy guapa estocada. Pero ésta es la sociedad, y la taurina lo es en su nivel más popular, en la que estamos instalados; donde los árboles de ‘lo por venir y ver’ no dejan ver el bosque de torería ‘in live’.Ortega y Gasset acuñó: “si quieres saber la realidad de un país asómate a una plaza de toros”. Esta es la España de Machado (‘… de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de José Tomás y luego los otros…”). La que se acuesta un sábado votando masivamente a Chikilicuatre, para madrugar y votar -no menos masivamente- a Zapatero.
Uceda ambivale entre Bob Dylan y el partido de Rosa Díez. Son especies a extinguir. Yo me apunto.