Los políticos, los cargos públicos, los agentes de la autoridad, están para respetar, cumplir, y hacer respetar, hacer cumplir, la ley, sobre todo la Constitución, la Carta Magna. Al tomar posesión de sus cargos así lo prometieron o juraron.
Si no respetan las reglas del juego, Constitución incluida, no son dignos de respeto y no cumplen con su obligación de defender lo que es legal y reprochar social y penalmente lo ilegal.
Ayer, el rector de la Universidad de Valencia, Francisco Tomás, sabedor de la astracanada que los radicales catalanistas independentistas iban a hacer no se molestó para nada en impedir un acto en el que se expresó el deseo de “tallar-li el coll al Rei”.
“Si el rei vol corona, corona li donarem, que vinga a Valencia i el coll li tallarem”, gritaban junto a los vítores de rigor a Terra Lliure, la organización terrorista catalanista que acaban de resucitar.
Al lado de estos gritos, quemar la imagen del Rey de España, suprema autoridad del Estado, era ya una anécdota descafeinada. La amenaza de muerte al Rey se convertía en un elocuente delito, del que el Rector de la Universidad dudo que haya abierto diligencias administrativas y las haya remitido a la Fiscalía, a pesar de que está obligado a ello en razón de su cargo.
Se gritó también contra España, “Canya a tota Espanya”, a pesar de que es gracias a los impuestos de todos los españoles por lo que los ‘kaleborrokeros’ catalanistas pueden permitirse el lujo de “estudiar” en la Universidad y armar algaradas como las protagonizadas ayer por estos elementos partidarios de la independencia de los países catalanes por métodos, ya se ve, nada democráticos.
El rector Francisco Tomás, a quien no le da ninguna vergüenza haber accedido al cargo y seguir ostentándolo, a pesar de haber contado con un respaldo apenas del 3% del censo electoral universitario, tuvo ayer una nueva ocasión para cumplir y hacer cumplir la ley, o, al menos, para dimitir, y, sobre todo, para instruir expediente a quienes ayer agredieron y amenazaron al Rey y a España, y a todos los que no piensan como ellos.
No consta que denunciara los hechos, a pesar de que le obliga la Ley, ni le importa que la Universidad que mal dirige y preside se haya convertido en una nueva Santa Inquisición donde quemar en la hoguera a todo el que no piense en radical pancatalanista independentista.
Si el hombre pasa de la vergüenza que supone ser rector de una Universidad donde el alumnado y el profesorado no van a votar, porque no creen en la “democracia” universitaria imperante en la Literaria, cómo va a molestarse porque amenacen de muerte al Rey y agredan a España.
El que calla otorga, dice el pueblo que es sabio y por fortuna no ha pasado por las aulas de lavados de cerebros de la Universidad de Valencia, más dedicada a los menesteres políticos que a lo que le es propio.
Una Universidad que fabrica alumnos en el crisol de la “libertad de expresión” donde piden ejecutar al Rey y encima se quejan de que el Estado español y los medios de comunicación les criminalizan por ser de izquierda independentista, defender la libertad de expresión y rechazar la monarquía española.
En toda esta zarandaja de asertos malintencionados, en lo único en que tienen razón esta muchachada es en decir que “Els/les catalans no tenim Rei”, gritos que también lanzaban ayer. Los catalanes no han tenido nunca rey, ni siquiera cuando existió la Corona de Aragón, pues los reyes de Aragón, Valencia y Mallorca eran Condes de Barcelona, no pasaron de ahí, no tuvieron mayor rango en tocar la Marca Hispánica.
A pesar de lo cual, y de estos nuevos Inquisidores, los amanuenses manipuladores y reinventores de la Historia, desde Bofarull hasta aquí, arrancan y tachan asientos, y hablan siempre de reyes catalanes y de la confederación catalana-aragonesa. No se aclaran, viven en permanente contradicción.
La quema ayer en la hoguera independentista de la foto del Rey y los gritos contra su vida ocurrieron en el recinto de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, donde se debe enseñar a pensar y a educar.
Fue todo un símbolo vergonzante para la Universidad de Valencia que en el sagrado lugar donde las mentes y espíritus de nuestros jóvenes deben formarse se atentara contra la Autoridad y el Derecho a la Vida, se animara a la subversión contra la legalidad vigente y el Estado de derecho.
Una vergüenza que se hizo más grande cuando el Rector de la Universidad de Valencia, el inefable Francisco Tomás, inoperante e inactivo ante el delito, ni siquiera condenó los hechos sucedidos entre las paredes de lo que debe ser un lugar de convivencia y respeto, un lugar donde se debe tener un inmenso respeto por la vida humana y por la ley.
Cualquiera con un mínimo de dignidad, de haberle sucedido lo que al rector de la Universidad de Valencia, Francisco Tomás, seguro que hubiera dimitido.
Pero hay gente que lo de la dignidad pues como que no va con él, es algo accesorio y se aplica lo que es común en la vida de los que juegan a política: “La vergonya no servix per a res”.
Y pasan de la vergüenza y de todo lo que haga falta con tal de subirse en el machito por barato -un 3% de todo un censo electoral- que le haya costado regir lo que un día lejano fuera una de las más prestigiosas universidades europeas.