La Lengua Valenciana fue eliminada ayer de la ceremonia de beatificación de 498 mártires de la guerra civil, entre los que había un puñado de víctimas valencianas. La “Oratio fidelium” fue leída en castellano, en catalán, en gallego y en euskera, por este orden, pero no tuvo la Santa Sede el respeto a la legalidad española vigente para consecuentemente aplicarla en la ceremonia litúrgica, ni tampoco la caridad de dar tribuna a la lengua Valenciana en el ambón de las preces.
Se ciscaron los de Roma en la Lengua Valenciana, que en el siglo XV ya se hablaba en el Vaticano, gracias a los dos Papas, Calixto III y Alejandro VI, y sus cortes pontificias, que la llevaron allí en el mayor esplendor de su Siglo de Oro. Los catalanes no tuvieron ningún Papa, ni llevaron nunca allí la lengua catalana a nada.
Por estas dos razones de peso, una legal y otra histórica, ayer la Lengua Valenciana tenía que haber estado presente en la ceremonia de beatificación, radiada y televisada a todo el mundo, que se ha enterado de la existencia de la lengua catalana y de inexistencia de la Lengua Valenciana.
No tiene perdón el Vaticano de este desaire y falta de respeto a la Lengua Valenciana, como tampoco lo tiene el flamante nuevo Cardenal de Valencia, ni el Arzobispado, ni la cantidad de clérigos valencianos que pululan a diario por las dependencias vaticanas, de flor en flor. No tienen perdón por no haber hecho lo imposible por situar a la Lengua Valenciana en el lugar de honor que le correspondía.
Tanto el Papa como la Curia cardenalicia y el montón de monseñores que mangonean por las instalaciones vaticanas saben de sobra que en Valencia tenemos la Lengua Valenciana, que nos llegó precisamente de Roma, a través de los romanos que colonizaron esta tierra y fundaron Valencia, erigida “ab urbe condita”, a la manera de Roma.
El Papa y los monseñores estuvieron en Valencia, en el Encuentro Mundial de las Familias, y conocieron nuestra realidad y hasta el Papa dijo algunas frases en Lengua Valenciana en sus intervenciones.
El hecho fue lamentable a la par que sintomático: indica que la Iglesia se ha decantado ya por el catalán en el conflicto lingüístico, de lo que ayer dejó clara constancia.
No quiso enfurecer Roma al tripartito catalán, ni a los catalanistas, dando audiencia a la Lengua Valenciana en un acto oficial y público, y optó por silenciar la Lengua Valenciana y masacrar al pueblo valenciano, que suele ser sufrido, callado, muelle, dócil y meninfot.
De la Santa Sede, en exclusiva, depende la aprobación de lo textos litúrgicos en las lenguas regionales de la Iglesia, y ya pueden imaginarse, después de esta afrenta, lo que va a hacer Roma con el Misal y el Leccionario que en el futuro ha de utilizarse en la Iglesia Valenciana: impondrá el catalán.
Los católicos valencianos, de ocurrir esto, tendrán que rezar en catalán, que es la lengua que reconoce, a la luz de este último acontecimiento, el Vaticano, hecho que repugnará a los pocos practicantes que los domingos acuden aún a las iglesias, por lo que la misma Roma acabará espantando al personal.
Imagino que, a resultas de la ceremonia vaticana de ayer, en la Academia Valenciana de la Lengua estarán felices, porque Roma les ha dado la razón, y los catalanistas le darán uno de los Premios de Octubre a Benedicto XVI, por lo bien que se ha portado al eliminar y sepultar la Lengua Valenciana y beatificando la catalana. Las puertas de Roma puede decirse que han quedado abiertas por los del Caballo de Troya. El canónigo jubilado de la AVL llevará en alto el Misal que le han hecho con la más fina selección de palabras catalanas, cultas dice él, un Misal que, por supuesto, no está hecho para ignorantes, ya saben que él no es nada ignorante, ni nada soberbio, todo lo contrario.
Lo que no debe saber Roma es que precisamente la clientela de las iglesias valencianas en la actualidad y por lo general no suelen ser catalanistas, que éstos suelen brillar por su ausencia en los templos, salvo alguna extraña excepción, y que si le da a la Iglesia por ponerse fina y culta ahuyentará a los feligreses que le quedan, y se arriesga a tener que poner en alquiler o venta los templos o transformarlos en museos o lugares de conciertos, cosa que está ocurriendo en bastantes lugares del mundo, incluso en Cataluña, donde no por mucho nacionalismo y catalanismo de la Iglesia están aumentado en número de militantes practicantes.
Los Papas, cardenales y obispos valencianos, a lo largo de la historia, siempre barrieron para casa, trabajaron por la causa, en esta ocasión los nuestros no le han echado el coraje debido, para que nuestra entrañable Lengua Valenciana estuviera presente en la beatificación de sus predecesores mártires, ayer beatificados en la plaza de San Pedro. Y es que hay Iglesias e Iglesias.
Ahora a sentarnos, a ver la próxima bofetada a la Lengua Valenciana quién y dónde se la pega, sin que aquí nadie rechiste, nadie levante la voz, nadie proteste, nadie se queje, nadie exija respeto y reconocimiento a la dignidad de nuestro entrañable e histórico idioma.