Me he escapado unas horas a Hungría persiguiendo dos cosas que nos atañen: una, Na Violant d’ Hungría; otra, el respeto que este país tiene por su larga y profunda historia.
Solo con pasear un poco por Budapest, cuyo corazón es el Danubio, uno se percata de con qué amor cuidan todo lo que ha sido su compleja historia, que ha dejado en cada uno de sus ciudadanos un sello de nobleza increíble.
De Na Violant d’ Hungría, entroncada con nuestra historia de los tiempos de la reconquista jaimina, ya les hablaré otro día. Hoy, por la urgencia, avanzarles, y ya les explico con detención y fotografías, lo mucho que han hecho por conservar y salvar sus vestigios romanos.
Sólo en Budapest, en la capital, tienen dos anfiteatros romanos que estaban ocultos, tapados, y los han descubierto y entroncado con la ciudad moderna actual.
Hungría no ha entorpecido su progreso y evolución, bloqueada por el régimen comunista que la tuvo atenazada hasta 1990. No solo conservó como buen paño que en arca se guarda, la belleza y ejemplaridad de su historia, cruzada por civilizaciones de todo tipo, sino que lucha denodamente por ir recuperando lo que se pudo olvidar.
Es el húngaro un pueblo muy sensible y culto, será pronto la gran revolución cultural de Europa, siempre en la vanguardia, sobre todo del cine y de la música clásica, fiel a sus orígenes.
Fue la hoy Hungría una provincia romana, romanizada, que dejó campamentos y ciudades por todas partes, junto a los ríos, y estas ciudades están siendo recuperadas con un alto nivel de esmero investigador.
Recuperan e imbrican. Los trenes y las autovías pasan junto a las ruinas romanas, ofreciendo un espectáculo maravilloso ‘invitatorio’ a una visita detenida, completada por Museos vivos que explican lo que fueron aquellas ciudades y dan cuenta permanentemente de los hallazgos de los investigadores, que siguen excavando y encontrando interesantes hallazgos, testimonios de una época de esplendor.
En días sucesivos, y en los preliminares de la definitiva resolución de la ejecución de la sentencia del Teatro Romano de Sagunto, les contaré cómo en los países y regiones civilizadas, en este caso Hungría, tratan exquisitamente su patrimonio arqueológico.
Aquí en Valencia, la tierra de la estética y la sensibilidad artística, los políticos masacraron, aplastaron, perforaron, trepanaron e hicieron desaparecer nuestra preciada joya de la Saguntum romana. Los autores de la barbarie aún andan sueltos por la calle.
Los italianos que vienen a ver el Teatro Romano de Sagunto, acostumbrados a contemplar en el centro de Roma el Coliseo, sus ruinas, dicen siempre lo mismo: “Están locos, están locos”. Efectivamente, estamos locos por tener al frente de este pueblo a políticos que no tienen puñetera idea de cultura. Lo cual no exime del cumplimiento de la ley, ni de la pena. Que caiga toda sobre ellos.