Menos protocolo y más valencianía

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26.11.07 | 23:21. Archivado en Baltasar Bueno

El mismo día que afloraba la noticia de que sólo en Elda habían cerrado 419 empresas de calzado, el presidente de la Generalitat Valencianal, Francisco Camps, montaba el “cirio” en Roma, porque el protocolo del Vaticano le había puesto en una ceremonia religiosa, donde le corresponde, dos hileras de sillas más atrás de la vicepresidenta del Gobierno de España, María Teresa Fernández de la Vega.

El hombre se sintió zaherido en lo más íntimo de su ser y dignidad y expresó una queja formal a la Embajada de España ante la Santa Sede y, para hacer más ostensible su enfado-pataleta se negó a ir a la cena oficial en el palacio del embajador de la piazza di Spagna.

A Camps últimamente le da por el protocolo, materia que desconoce bastante, sobre todo aquella cuyo centro no sea él, cual nuevo rey sol. No sabe Camps que el embajador de España no es el que pone los cartelitos en las sillas de la Basílica de San Pietro, ni el que reparte los biggliettos per a asistire a la capella pappale.

El diplomático es un invitado más y no pinta nada en los dramas sacro-líricos que allí se organiza, por lo que hizo mal Camps en cabrearse con Vázquez. Para el caso que tuviera una razón científico-técnica -que lo dudo- debió haberse encarado con los monseñores del protocolo del Vaticano. Erró montando el pollo cargándole la culpa a la Embajada.

Para el embajador, la actitud de Camps no yendo a la cena oficial de la Embajada, a causa de esta polémica por el protocolo es una cuestión de “educación”. Hizo un feo, un desaire, Camps al embajador y todas las autoridades civiles y eclesiásticas presentes en el ágape, gesto que lo encuadraba el diplomático, finísimamente, dentro del ámbito personal de lo educacional.

Ayer Rambla, a lo Chávez, seguía martilleando con el asunto, intentando justificar, mal y tarde como siempre, lo injustificable, y le espetaba al embajador que él no era nadie para criticar, que ésa no es su misión, y que tal vez lo hacía porque no era diplomático de carrera. Le salió la vena ultraclasista.

Paco Vázquez, ex alcalde de La Coruña, el alcalde más prestigioso y más querido de Galicia, y del PSOE, cultísimo, muy preparado, muy centrado, muy inteligente, no tiene el título de diplomático de carrera y es embajador político, lo cual, por ser “político” -y qué es Rambla sino sólo político, sin hoja laboral que se le conozca- había osado criticar a Camps.

Rambla dijo, y como siempre mal, que se trata de salvar la dignidad de la Institución, de la Generalidad en este rollo del protocolo y se hará siempre que las situaciones lo requieran.

Lo del protocolo de Camps viene de lejos. La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, le recordaba a Camps algo similar a lo que le dijo el embajador, con motivo de otro ‘cirio’ que montó en Valencia no hace muchos días, porque se había quejado de que ella no había salido a recibirle al primer escalón de saludos en las jornadas del cambio climático.

María Teresa, citando a Azaña, dijo que el protocolo estaba donde estaba ella, que es vicepresidenta de España, y Camps presidente de una región, luego ella, en el organigrama protocolario está muy por encima de Camps, aunque le pese.

Camps y la guardia negra que le rodea -Costa y Rambla, sobre todo- no pueden creerse nunca que son el centro del universo, el ombligo del mundo. Llegará un día que, como otros políticos, caerán, y tendrán que volver a la cruda y dura realidad de la calle, a ser uno más, incluso a no ser nada, que es lo que eran antes que les tocara el bingo en lo político.

A mi ya me hubiera gustado que Camps hubiese sacado el genio y el temperamento ante el Vaticano como consecuencia del desaire, la bofetada, que nos dio a los valencianos el Vaticano al hurtarnos la Lengua Valenciana en la ceremonia de beatificación de los 498 mártires de la guerra civil, donde sólo se empleó el catalán, el gallego y el euskera.
Debió tener conocimiento de ello, pues un conseller suyo, estaba presente en aquella solemnidad, donde las preces de los fieles fueron hechas en todas las lenguas de España, menos en la valenciana.

El que no se utilizara la Lengua Valenciana en aquel ritual afectó y atentó contra a la dignidad del pueblo valenciano, además de contra la legalidad vigente estatutaria, que es, por ende, legalidad constitucional.

Ni por Estatuto de Autonomía, ni por la Constitución Española, ni por la historia y tradición de la Lengua Valenciana, ni por el sentimiento y creencia enormemente mayoritaria del pueblo valenciano de que la Lengua es Valenciana, Camps no gritó desgarradamente contra el Vaticano, ni contra la Embajada Española, ni se rasgó las vestiduras, como tampoco llamó a la guerra santa contra el infiel, ni sacó sus naves mediáticas genuflexas en aquel momento.

No le indignó, ni le preocupó que el Vaticano se hiciera caca y pis en la Lengua Valenciana, lo cual sí que es grave y preocupante para los valencianos, también para él, a quien le debe ofender todo lo que nos ofende a los valencianos, así que menos protocolo, y más tomarse en serio la dignidad de un pueblo y sus señas de identidad.

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