Hasta ahora, lo del PP de Aragón había sido simples declaraciones de intenciones. Desde ayer ya sabemos que la cosa va en serio. El PP ha votado en el Pleno de las Cortes de Aragón rechazar la “realización de cualquier proyecto de trasvase del río Ebro y toda disposición legal que le dé soporte”.
Los de Aragón, siempre tan nobles y tan españoles, se están balcanizando. El otro día casi sacan a pedradas de Zaragoza al tenista valenciano Juan Carlos Ferrero de su tierra, por ser valenciano y, como buen valenciano, haber defendido en alguna ocasión el trasvase de las aguas excedentarias del Ebro a la Comunidad Valenciana.
Los de Aragón pronto vendrán a Valencia con su autobús a promocionar ExpoZaragoza 2008, una feria que va a girar en torno al agua que nos niegan y en la que la Generalitat Valenciana va a tener un pabellón, para hacerles el culo gordo, a pesar de su actitud insolidaria y hostil que están manteniendo los aragoneses para con los valencianos.
Es triste el comportamiento de los de Aragón para con la Comunidad Valenciana, que en tierras valencianas fueron siempre cariñosamente recibidos, tratados, considerados, tenidos en cuenta y ayudados.
Los valencianos siempre hemos querido mucho a Aragón, ha sido una región más que hermana, llevamos todos sangre aragonesa en nuestras venas desde la Reconquista por Jaime I del Reino Moro de Valencia.
Ayer, en las Cortes de Aragón se votó con rabia no dar ni una gota de agua a la Comunidad Valenciana, como si el Ebro no fuera de toda España, y aguas de las montañas castellonenses no contribuyeran a engrosar sus caudales.
Aragón se alineó ayer con los radicales que nos niegan a los valencianos lo que necesitamos. Votaron en contra todos los partidos políticos aragoneses, incluso el PP, que en la Comunidad Valenciana no tiene otro discurso que exigir el trasvase del Ebro. Es el PP contra el propio PP, negativa ya plasmada en las actas de las Cortes de Aragón.
Me gustaría saber la cantidad de miles de aragoneses que llegaron a tierras valencianas emigrados a sobrevivir, a vivir mejor o a hacer fortuna, qué piensan de éste negarnos el agua, el plan y la sal sus compatriotas.
Yo que llevo sangre aragonesa de generaciones de antaño en mi cuerpo, me duele en el alma esta bárbara insolidaridad de oponerse a que recojamos las migajas de agua sobrantes del Ebro, que no es aragonés, sino español, para nuestros campos.