El Conseller de Justicia, Fernando de Rosa, es de los más activos y eficaces de los consellers. Primero es un hombre normal, de a pie, que no le duelen prendas juntarse con el pueblo, con la gente, sea como fallero, como vicentino, como juez, como político o como valenciano de pura cepa que es.
Con él se puede hablar, no va de divino como algunos que se creen estrellas en el Consell, y es un profesional como la copa de un pino. A la chita callando, el hombre va recorriéndose la geografía valenciana poniendo orden y medios en la Administración de Justicia, que ha sido siempre la hermana pobre de la Madre Administración, y así ha estado hasta hace poco, todos cosiendo los legajos con aguja e hilo y escribiendo sentencias, autos y providencias con la Lexicon 80.
Ayer, que me dejaron salir del despacho, tuve la grata sorpresa de acompañarle en la inauguración del Juzgado número 4 de los de Moncada. En su flamante Palacio de Justicia, una gozada al servicio de los justiciables.
Nada más llegar al lugar, tras los saludos calurosos y amables protocolarios a quienes le esperaban, alcaldes y jueces de la comarca, el hombre los reunió a todos a la puerta del edificio y rogó que se guardara un minuto de silencio funeral en protesta por la primera muerte de la violencia doméstica en España, una mujer asesinada por su ex pareja, y que ha ocurrido en territorio valenciano.
Fue emocionante el momento, sentido, doloroso, solidario, una profunda queja y lamentación jeremiaca de dolor. Creía que todo se iba a quedar ahí, como en tantos y tantos paripés de minutos de silencio que se organiza cara a la galería.
Pero, entrando al inmueble, inaugurado el local del Juzgado 4 de primera instancia e instrucción, tras las palabras amables y cordiales del alcalde de Moncada Juanjo Medina, el conseller comenzó a labrar contra la violencia de género o doméstica.
No quiso que el minuto de silencio se quedara en una anécdota vacua, sino que fue al grano tras la prédica, y anunció con gozo que Moncada iba a contar pronto con una Oficina de Atención a la Víctima del Delito, con especial predisposición a atender a las mujeres maltratadas, acosadas, castigadas y en peligro de su integridad física, a las que animó a denunciar y a solicitar la ayuda de la Administración de Justicia.
Fue un mensaje realista, lleno de esperanza, eficaz, de los que nuestra sociedad viene necesitando con urgencia.