No es ortodoxo oficialmente lo que digo, pero lo que tenemos en el Sultanato de Omán es la perfecta Embajada de Al Andalus, que es lo que les gusta a los árabes en general y omaníes en particular.
Porque el Embajador, Tomás Rodríguez-Pantoja es de Sevilla, el corazón de Al Andalus, y el segundo responsable de la Embajada, Gabriel Alou Forner, es valenciano.
Andalucía y la Comunitat Valenciana fueron las tierras españolas más arabizadas, las que al poco que uno pasea por ellas encuentra múltiples vestigios de su arabización.
Por ejemplo, en casi todos los pueblos valencianos está la calle del Raval o del Arrabal, que eran las afueras, donde se mandaba a cristianos o árabes, según quien dominaba la situación. O el carrer de la Sarieta. Saria en árabe es ley coránica.
Un andaluz y un sevillano mejor que nadie pueden entender a los árabes, que, como los de aquí, los que económicamente pueden, disfrutan de perderse por Andalucía y Valencia, según comentan muchos, siendo su locura total, eso sí, la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba.
La Embajada es de reciente creación, está a siete minutos del Ministerio de Asuntos Exteriores, un hermoso edificio blanco de arquitectura árabe, a tono con toda la ciudad de Muscat, donde no se consiente otro estilo arquitectónico que no sea el árabe y de color blanco. Por supuesto, ningún rascacielos, ni edificio singular al uso.
El Embajador me invita a almorzar en la Embajada y se me confirma todo lo bien que en el Gobierno Omaní me habían hablado, de Gabriel y de la Embajada. El Embajador es un hombre muy culto, muy bien informado y muy humano. Sabe de todo y al dedillo conoce esta región del mundo.
La Embajada organiza numerosas actividades para potenciar estas excelentes relaciones, lo cual está dando sus frutos, porque se trata de favorecer aquello que conviene a ambos países.
España ha comenzado a comprar gas a Omán, que llega en barcos curiosamente hasta Puerto de Sagunto, y Omán está buscando inversionistas, promotores, constructores, diseñadores, azulejeras… en España para llevárselos a desarrollar este país.
Se está pues en un buen momento económico, gracias a la buena marcha de la explotación del petróleo y el gas, productos de los cuales acaban de hallar nuevas grandes bolsas en el desierto, y a cuya extracción se vienen dedicando desde hace pocas décadas.
Todo el beneficio que saquen del gas y del petróleo van a destinarlo al desarrollo y progreso del país, cuyo futuro será indudablemente el turismo.