Los políticos catalanes han sido más pragmáticos que los valencianos. Se han puesto a hacer la zanja del trasvasote del Ebro a Barcelona y a meter tuberías y Zapatero ha tenido que autorizarlo a toro pasado, de prisa y corriendo, para que su autoridad no quedara en ridículo y le han dicho a Zapatero que si quiere intente paralizarle las obras.
Es más, que si no quería pasar la vergüenza de que en Cataluña hicieran el trasvase sin el permiso del Gobierno de Madrid, pues que les diera la papela de legalización del trasvase.
Y trasvase exprés que han tenido, fijo y de ida y vuelta. Todo en un plis plas, sin hipérbaton, ni circunloquios.
Si salen al campo, se lo dirán los labradores, los regantes. Aquí mucho cuento, muchas declaraciones oficiales, muchas manifestaciones, muchas reuniones, mucho utilizar el asunto del agua electoralmente, pero el gobierno autóctono se la coge con un papel de fumar.
Esto nos ocurre porque tenemos un gobierno regional de cartón piedra, de quiero y no puedo, de chicha y nabo, que cree que todo lo va a resolver mediante la palabra y acudiendo al Tribunal Constitucional, pura burocracia y papeleo, que, cuando llegue a su fin, si llega y no pierde las próximas elecciones, la Comunitat Valenciana se habrá convertido irremediablemente en un extenso o desierto.
Que los catalanes y los socialistas, Zapatero reinante, nos han vuelto a tomar el pelo a los valencianos es obvio.
Que el PSOE sólo tiene oídos y ojos -los de Zapatero- de esclavo para los catalanes es evidente.
Que al tripartito catalán le gusta, tirados nosotros al suelo, ponernos la bota en el cuello y apretar el pincho en la yugular es más que sabido.
Que el Consell - “que no te espenta”- se muestra fofo, enclenque, pusilánime, engañoso y desnortado reivindicando el agua, está claro.
Que el tripartito nos niega el agua sobrante del Ebro, que es de todos los españoles, a los valencianos y nosotros como si nada, asombroso.
Que el tripartito nos machaca la Lengua Valenciana a través del Instituto de Estudios Catalanes y su sucursal en Valencia, la AVL, nosotros encantados.
Que el tripartito quiere que vayamos a Barcelona a firmar una confederación catalana-valenciana para reclamar más pasta del gobierno central, nosotros perdemos el culo.
Es todo un carnaval de sin sentidos, festival de palabras huecas, que mañana tendrá otro punto y seguido en Orihuela, ciudad célebre por sus Concursos Nacionales de Charlatanes, donde se escribirá un nuevo capítulo de este drama tragicómico en el que hay de todo, menos lo que toca. Rajoy no quiere que los nacionalistas le llamen pancartero, ni irritarles.