La Facultad de Económicas de la Universidad de Valencia, desde que fuere creada, ha tenido fama de ser la más roja y de izquierda de todas. Pero no es verdad, acaban todos los que se las dan de “liderillos” siendo unos auténticos burgueses, cobrando soldadas como descosidos de donde hay capital, entre otras cosas porque nunca se leyeron “El Capital”, de Karl Marx, y, mucho menos, lo pusieron en práctica.
De allí salieron todas las “eminencias” grises que coparon el PSOE en su primera etapa democrática, después de los 40 años de vacaciones que estuvieron durante la Dictadura, y aprovecharon la política para “colocarse”. Hoy viven todos de maravilla, no se acuerdan ni del mayo francés del 68, ni de cantar La Internacional. ¿Para qué?
De vez en cuando, cual si fuere un alumno oyente o libre, me da por colarme en clase en alguna de nuestras facultades, para saber qué es lo que pasa, lo que está ocurriendo, para tomarle el pulso a nuestras Universidades. Me sirve de reciclaje y también para ver lo mal que enseñan unos y las salvajadas que dicen otros.
Por ejemplo, esta semana que termina entré en la clase de un profesor, quien tenía que dar una clase sobre Técnicas de la Investigación, y que acabó convirtiendo su intervención en un mítin que ni la incendiaria Pasionaria lo hubiera hecho mejor cuando animaba al personal a quemar iglesias y conventos allá por el 36 del pasado siglo.
El sujeto parlante, sin guardar ninguna relación con la materia asignada y la clase que debía dar, de repente, cual surgido de un arranque bipolar, se envolvió en una soflama centrada en la Iglesia Católica. Textualmente dijo que “los únicos que se creen en posesión de la verdad absoluta, y además eterna, son una secta de pedófilos, que se llaman Iglesia Católica”.
Ya me dirán el ex abrupto, la vomitada, del cabestro, que tendrá que ver con las Ciencias Económicas y con las Técnicas de la Investigación. Yo estaba asombradísimo de ver cómo determinados elementos, mas que maestros dinamiteros de la República, convierten la cátedra, la cacareada libertad de cátedra, para soltar en ella todos los traumas, frustraciones, odios, rencores y desequilibrios internos que padecen.
Por la manera cómo se expresaba, seguro que el individuo en cuestión no se había leído aquello que el Evangelio pone en palabras de Jesús: “Quien esté libre de pecado, tire la primera piedra”. Porque profesores de primaria, secundaria y universidad detenidos, procesados, condenados y encarcelados por asuntos de corrupción de menores hay un montón aquí, en España y en el mundo. Y no por ello, los profesores son una secta de pedófilos o pederastas, como tampoco la Facultad de Económicas, la Universidad de Valencia o las Universidades del mundo. Luego, el profesorcito de marras está manipulando y mintiendo descaradamente desde el ámbito sagrado de la cátedra, que debe ser siempre un foro de búsqueda de la verdad.
La Biblia consagra una máxima, que está presente como consigna en casi todas las Universidades del mundo civilizadas, serias y responsables: “La verdad os hará libres”. El maestrillo precitado, ya han visto, se pasa por el forro el concepto de verdad objetiva.
No le voy a sugerir al panfletario profesor que busque en las entrañas de la Biblia lo que es la verdad, no serviría de nada, al abanderarse de antemano con el odio cerril, que suena a persecuciones religiosas en el 36-39. pero si podría repasar en Filosofía, si es que estudió y tienen alguna noción filosófica, lo que es la verdad “in essendo”, “in significando”, la verdad formal y material, la verdad como propiedad trascendental, la cognoscibilidad de la verdad real, la verdad como valor lógico fundamental, las verdades de hecho y razón, las verdades eternas, las verdades primeras y las verdades morales.
Cuando se haya paseado por este jardín de la ciencia y raciocinio, desde Aristóteles hasta Leibniz, podrá, con autoridad moral y científica, el sujeto aludido dar clases con propiedad, ser un maestro, un profesor, un científico, no la cosa rara que es mezcla de mitinero barato de partido marginal y amedrentador de masas estudiantiles a base de martillazos mentales y suspensos.