Ayer retransmitiendo, con Pau Lamas, para Canal 9 RTVV la Missa d´Infants y el Traslado, me vino a la cabeza la tremenda injusticia que se le hizo al que fuera Capitán General de Valencia, Teniente General Agustín Quesada, por aceptar que a Capitanía y al Acuartelamiento de San Juan de la Ribera, fuera la imagen peregrina de la Virgen de los Desamparados, en las visitas que hizo con motivo del V Centenario de su advocación Desamparats.
Al hombre casi me lo fusilan los tribunales militares, que hicieron más caso a un sargentillo que le metió unos cuantos recursos que a la historia y tradición militar en lo concerniente a la que no sólo es Patrona de Valencia y su Reino, Alcaldesa Perpetua de la Ciudad, sino, además tiene los títulos de Generala, Capitana Generala y Generalísimas de la Ciudad, Reino y Ejércitos Nacionales.
Resulta que el sargentillo, dicho sin ningún ánimo peyorativo, simplemente por el grado o escalón en el escalofón, no quería formar y rendir honores a la imagen de la Virgen, al que el mismo Ejército otorgó los máximos honores, porque en la Guerra de la Independencia se sintió protegido por Ella.
Lo que me extraña es que los servicios jurídicos del propio ejército, con la gran cantidad de argumentos y documentación que podía presentar ante los Juzgados Togados Militares, no dieran ni con uno para salvarle la piel al ilustre militar, que tuvo que apechugar, por cierto, con una historia que le tocó de rondón, porque pasaba por allí, dado que todos aquellos fastos se los encalomín un subalterno aficionado a las procesiones.
Por citar unos pocos datos, la primera vez que se pidió honores militares para la Virgen lo hizo el Consell de la Ciutat el 24 de enero de 1789, manifestando expresamente que los quería de igual modo y a la manera de los que ostentaba la Virgen del PIlar.
El Consell de la Ciutat o Ayuntamiento volvió a reiterar la petición el 25 de mayo de 1809.
Y no sería hasta el 6 de marzo de 1810, cuando el Capitán general de Valencia, General Caro, cuando escribió al Arzobispo Company, pidiendo aceptara que la imagen histórica de la Virgen fuese nombrada “Generalísima de nuestros Ejércitos”, gracias a que les libró de una buena en el primer intento de asalto y conquista de la ciudad de Valencia por el ejército francés, en plena Guerra de la Independencia.
Se hizo una gran ceremonia en la Catedral y Caro le entregó el fajín de Generala y el bastón de mando, disponiéndose que siempre que saliere la imagen en procesión el día de su fiesta se le rindiera los honores militares de ordenanza “y se disparara la artilleria del Baluarte”.
Estas órdenes fueron reiteradas por la Capitanía General de Valencia en 1854, 18 de marzo, y revalidadas,. mucho más tarde, por el General Franco, Jefe del Estado Español, en 1947, tras inaugurar el pantano de Alarcón, que pagaron a tocateja los labradores valencianos.
Aviso, por si cualquier día de estos, los socialistas, aparte de desmantelar el Ejército, como lo vienen haciendo muy bien desde hace años, quieren borrar de lnuestrta historia sus más importantes episodios. Que todo se andará.