El `punto en boca´ de socialistas y comunistas

16.05.08 | 02:21. Archivado en Columnas

A Ana Noguera (socialista) y a Gloria Marcos (comunista) les salió de natural, sin esforzarse nada, el ramalazo de totalitarismo y fascismo que suelen tener los fundamentalistas dogmáticos de izquierda.

Emulando ambas las más puras esencias de Dolores Ibarruri, alias La Pasionaria, ayer gritaron en el gallinero político el “Cállate ya” refiriéndose a don Juan Marco Molines, el letrado que lleva 17 años, en solitario, cual heroico Quijote, intentando deshacer el entuerto perpetrado por la ‘gauche divine’ de la terreta en el Teatro Romano de Sagunt.

El hombre ha hecho un trabajo de fina orfebrería jurídica y ha llevado de calle al PSOE y al PP al frente de la Generalitat Valenciana, consiguiendo, con la ley en la mano, que todos los Magistrados que han entendido en el asunto, una treintena al menos, le dieran la razón, tanto en la autonomía como en el Supremo.

Hoy reproducimos, para que vean lo descarados que han sido los de la ‘comisión de expertos’, designados a dedo para decir que no se cumpla la sentencia, el texto íntegro de la última que se ha dado en este largo proceso judicial, para ver si se avergüenzan en público ellos y los que les han mandado la faena, así como para refrescar la memoria a los que en el Consell se están haciendo los locos para no cumplirla.

En la sentencia, los Magistrados, tanto de instancia como del Supremo, ‘planchan’ -utilizando el argot judicial- al Consell y al Ayuntamiento de Sagunt y les dicen que tienen que demoler lo que ilegalmente se hizo, dándoles primero seis meses, y luego 18, pero sin excusas ni pretextos.

Los juzgadores incluso les dieron la posibilidad a los demandados de que alegaran lo que creyeran oportuno acerca de una hipotética imposibilidad de cumplir la sentencia mediante la demolición, relato y hecho que se recoge en el texto judicial, que añade: “No habiendo utilizado esta posibilidad, el debate queda reducido exclusivamente a determinar si la demolición de las obras está en línea lógica con el cumplimiento de la sentencia, y es evidente que sí, como por otra parte admite la demandada en su primer escrito de alegaciones, donde manifiesta que de los informes que aportó en ejecución de sentencia las obras resultan ser reversibles”.

El Supremo reflexiona al respecto y dice que: “Las dos Administraciones codemandadas en la instancia se muestran conformes en cuanto a que las obras a realizar en el Teatro eran posibles y, por tanto, la Sentencia era ejecutable una vez firme, y la segunda, que la Sala tuvo en cuenta para determinar la ejecución que consideró procedente los informes periciales que valoró adecuadamente, y ponderó en la ejecución de los intereses de todo orden que estaban en juego”.

Por si no quedaba claro, el Supremo remacha el asunto diciendo: “Y, desde luego, lo que no puede aceptarse es que la ejecución de la sentencia del modo en que se prevé pueda impedir ‘el uso cultural continuado del Teatro con la consiguiente repercusión negativa en el ámbito cultural de la ciudad y afectará gravemente a la calidad de vida de los saguntinos y la actividad económica del municipio’ y ello porque concluidas esas obras el Teatro podrá seguir prestando el servicio cultural que cumplía, sin que la realización de las obras precisas para ello puedan afectar, y menos gravemente, a la calida de vida de los vecinos de Sagunt y la actividad económica del municipio”.

Y prosigue la sentencia: “Que puedan producir determinadas molestias durante la ejecución de las mismas es evidente, pero nada más, y ello, sin olvidar que lo que afirma el motivo no es más que eso, es decir, una aseveración de esos males que sin embargo carecen de prueba alguna. Males que de ser ciertos, que no lo son, serían transitorios, y que desde luego, no podrían imponerse sobre la ejecución de una sentencia firme”.

Más claro agua. Esto es lo que dice la Ley y el Estado de derecho, lo mismo que dice el letrado Juan Marco Molines, al que los socialistas y los comunistas, y ahora sus acólitos del PP, quieren hacer callar, quieren ponerle y que se ponga ‘punto en boca’.

Quiere la izquierda radical, en palabras textuales de la muy cuestionada hasta por los de su propio partidillo y coalicioncilla Gloria Marcos, que Marco Molines -a quien con su habitual ‘brófego’ y mal estilo tachó de monstruo en el sentido peyorativo- deje ya de hablar y toquetear el asunto del Teatro Romano, que es lo mismo que decir que no se cumpla ni una sola línea de las sentencias del TSJCV y del TS dictadas sobre las ilegales obras que allí hicieran Lerma y Ciscar.

A Marco Molines no hay que taparle la boca, porque hay libertad de expresión aún en este país, una situación muy diferente a lo que ocurre en la Cuba comunista de Gloria Marcos. A Marco Molines hay que hacerle un monumento, porque nos ha demostrado que aún queda algún valenciano capaz de alzarse contra la arbitrariedad, la ilegalidad y la injusticia, algo parecido al Palleter, que suele darse en estos muelles y blandas tierras cada 200 o 300 años.

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