Origen del calendario

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03.01.08 | 02:50. Archivado en José Luis de Tomás

Hoy es ya el mañana que tanto nos preocupaba ayer. El calendario siempre está quieto, pero los días y los meses nunca detienen la marcha. A veces, llevan el paso menudo y cadencioso y otras, caminan a trancos como el Diablo Cojuelo. De forma inexorable van llegando los meses sin descomponer el rostro. En ocasiones, las cosas no salen tan bien como fuera menester, pero al calendario no hay ciencia ni técnica que lo pueda amaestrar. A las preocupaciones de la vida siempre le ocurre lo que a los “meses de nublo, que la mañana es larga y el día ninguno”.

En el antiguo Egipto, 3000 años a.C., el calendario ya constaba de 365 días, divididos en tres estaciones. El primer calendario romano hacía comenzar el año en el mes de marzo, mes de Marte, dios de la guerra. El verdadero calendario romano se llama ‘Juliano’ en honor a Julio César y se implantó el año 45 a.C. Enero, en latín, ‘ianuarius’ (puerta) estaba dedicado al dios Jano y es la entrada del año.

Febrero deriva de ‘februare’, mes de la purificación. Marzo, mes de Marte. Abril, ‘aprilis’, es el mes de la diosa Afrodita. Mayo, mes de Maia, diosa de la primavera. Junio, mes de Juno, diosa del matrimonio. Julio lleva el nombre del emperador Julio César. Agosto, lleva el nombre de César Augusto. Septiembre era el séptimo mes. Octubre, el octavo mes. Noviembre, noveno mes. Diciembre, décimo mes en que se celebraban las Saturnales que la religión convirtió en Navidad.

-El calendario es algo relativo.
-Sí, señor. Einstein decía: pon tu mano en un horno caliente un minuto y te parecerá una eternidad; siéntate junto a una chica preciosa y te parecerá un minuto. Esa es la relatividad.

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