No es más fácil que un pobre entre en el cielo, decía J. Perich; ocurre que tiene más probabilidades de hacerlo antes. Son las cosas de la necesidad y la miseria. Los mártires nunca desearon la muerte, tan sólo la aceptaron. En cambio, los fanáticos corren enloquecidos a buscarla. Lo malo es que se la buscan también a los demás. Con ellos, la convivencia es difícil. No parece tener mucha lógica el hecho de llamar burros a los necios y a los iluminados. En la descripción que hacía Gonzalo Correas (1571-1631) del asno, se lee que “es animal doméstico y familiar, de mucho provecho y poco gasto, de gran servicio y que no da ruido, salvo cuando rebuzna”. La rebelión de Espartaco, en muchas personas pasa por el “superhombre” de Nietzsche, que tanto mal ha causado a la sociedad occidental.
Los medios de comunicación norteamericanos han publicado la noticia de un joven que deseaba morir y llegar al cielo para matar a Jesús. No han trascendido los motivos de semejante odio. El fiscal de Carolina del Sur ha solicitado un informe sobre su salud mental. El joven pretendía morir en una explosión provocada por él mismo en un centro escolar. Una vez en el cielo, mataría a Jesús. La policía encontró en su casa un envío postal con “nitrato de amonio” y una carta de despedida. Lo cierto es que podría ser acusado de “conspiración para usar un arma de destrucción masiva, cargo que conlleva la pena de cadena perpetua”. Los psiquiatras tienen la palabra.
-Algunos parecen haber perdido el ‘oremus’ y el sentido común.
-Así es. Alguien ha dicho que esperar sentido común en la gente es una prueba de que no se tiene sentido común.