Cuando un grupo de delincuentes asaltó el yate francés ‘Le Ponant’ en el Índico, sus peticiones fueron aceptadas. A cambio de la vida de sus ocupantes, recibieron una importante suma de dinero. Pero una vez estuvieron a salvo sus ciudadanos, el estado francés reaccionó como cabe esperar de una nación democrática y que se respeta a sí misma. Sarkozy ordenó la movilización de sus ropas de élite. Fuerzas navales con el apoyo de helicópteros de combate fueron enviadas al mar somalí. Allí el ejército francés recuperó buena parte del dinero y capturó a los delincuentes. Una vez completada la operación militar, vino el recurso a Naciones Unidas y la propuesta de coordinación internacional en la lucha contra la piratería marítima.
En España, desde el año 2006, los armadores advertían de la peligrosidad de aquellas aguas y reclamaban al gobierno socialista las medidas necesarias para garantizar la vida y la libertad de los españoles que allí trabajan. Ni caso.
Tampoco prestó oídos el gobierno socialista a estas peticiones cuando la misma compañía propietaria del ahora secuestrado ‘Playa de Bakio’ sufrió otro intento de asalto en 2005, cuando el barco ‘Playa de Aritxatxu’ fue atacado por una banda similar de delincuentes, de la que logró huir.
Ahora se ha ordenado a una fragata que se dirija a la zona. Tardará varios días. Y el gobierno socialista, habituado ya a su indigencia internacional, ha corrido a llamar a las puertas de ONU y UE para pedir ayuda, mientras recaba apoyo militar en la zona de las naciones previsoras, Reino Unido, Francia, que allí tienen desplegadas sus fuerzas.
El señor Rodríguez y sus digamos gabinetes carecen de relevancia en la escena internacional. Y en Europa son motivo de chanza y sorpresa, pero poco más. De la denostada foto de las Azores hemos pasado a la desoladora imagen de la última reunión de la OTAN, es decir, a la invisibilidad internacional, cuando no a la ironía y aun a la burla. Es difícil en estas condiciones buscar el respeto ajeno y la solidaridad de quienes deberían ser tus iguales.
Aquí hemos tenido ministros de Defensa socialistas que han declarado preferir la muerte antes que disparar contra quien pueda estar dispuesto a matarles. Es una opción personal respetable, pero no resulta legítima cuando se está al frente de ese ministerio, porque ahí lo que se defiende no es la vida propia y lo que se quiera hacer con ella, sino la de todos los ciudadanos.
El pacifismo es una respetable opción personal, pero una irresponsable actitud política cuando se gobierna.