El sueño nacionalista produce monstruos

09.05.08 | 00:59. Archivado en Columnas

Monstruos de la peor de las especies: la de quienes ignoran que lo son. No se trata solo de los monstruos que matan con goma dos, con pistola, con chantajes o con secuestros, con algaradas callejeras o con mil formas de acoso. Están también los otros, los monstruos que andan por la calle a cara descubierta, los que gozan de la consideración social de algunos, los que usan tribunas públicas para lanzar sus fétidos mensajes, los que aplican la ley del señalamiento, la que decide a quién hay que perseguir, a quién hay que apartar.

Salvador Sostres es uno de los típicos monstruos generados por el nacionalismo. En CiU le adoran, aunque le tienen por una suerte de “enfant terrible”. En el panfleto racista “Avui” publican cada día desde hace años sus deposiciones periodísticas. En TV3 es recibido con alborozo y frecuenta programas en los que a los invitados les sudan cosas insólitas en lugares inverosímiles. En las universidades los estudiantes le escuchan como si tuviera algo que aportar a su formación. Y en “Crónicas marcianas” competía con Izaguirre, que tanto monta el exhibicionismo histérico como la histeria exhibicionista.

La última contribución mediática de este monstruito de la ensoñación nacionalista, que nunca habría salido del anonimato si no fuera el clásico hijo de acaudalado papá “botiguer” barcelonés, consiste en establecer una comparación entre otro monstruo, en esta ocasión no nacionalista, y España. Y el monstruo elegido es… ¡sí! ¡El sádico austríaco! ¡El mismísimo Fritzl!

El artículo del monstruito Sostres se titula “Fritzl explicat als espanyols” y dice lindezas como estas: “Catalunya somos la chica secuestrada y violada: hace 300 años que nos ocupáis y han sido sucesivos los intentos de genocidio político, cultural y propiamente físico; aparte de los expolios y los saqueos.”

Aplausos de la concurrencia, que por un momento deja de brincar alrededor del tubo tarragonés para compartir tan profunda reflexión. Prosigue Sostres tal que así: “Sois nuestro monstruo como Fritzl lo ha sido para su hija. La diferencia es que Fritzl es el padre de la pobre criatura, y nosotros, con las pruebas de la ADN en la mano, es decir, con la verdad histórica, no somos hijos de vuestra España ni de cachondeo.”

¡Vuelta al ruedo! ¡Olé rigor histórico! Prosigamos: “Es así como nos sentimos los catalanes: secuestrados, violados. Fritzl explicado a los españoles podría ser una metáfora de lo que ellos representan contra nuestra nación.”

El sueño nacionalista produce los más variados monstruos. Y este es más divertido que la mujer barbuda de los circos antiguos.

COLUMNISTA
Miguel Vidal Santos
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