La imprenta de los Hermanos Orga de Valencia, publicó en 1794 las “Noticias de la Provincia de Californias en tres cartas de un Sacerdote religioso hijo del Real Convento de Predicadores de Valencia, a un amigo suyo”.
Tal sacerdote no era otro que Luis de Sales nacido en Valencia el 20 de abril de 1745, en la parroquia de San Esteban. Tras estudiar Gramática y Filosofía en nuestra Universidad, tomó a los dieciséis años el hábito dominico, alistándose como misionero voluntario para las misiones californianas. En octubre de 1770 salía de Valencia, embarcaba luego en Cádiz en el navío Nuestra Señora de Begoña y a los 61 días de viaje llegaba al puerto mexicano de Veracruz.
Fue el creador de dos ciudades, San Vicente Ferrer y San Miguel que supusieron una ruta de enlace entre la Alta y la Baja California. Así se lo comunicaba al Virrey en carta de 18 de enero de 1790, “cerca de diecisiete años entre los indios, singularmente en las fronteras de gentiles ocupado en registros y expediciones y haber unido la California antigua con la nueva con la fundación de San Miguel”.
Unos meses antes había obtenido licencia de sus superiores para retirarse a Valencia, pero naufragó durante la navegación por el Golfo de California, perdió cuanto tenía, “saliendo desnudo sobre una tabla a su orilla”. El Virrey le facilitó doscientos pesos y embarcó en Veracruz, en el navío El Príncipe, que fue atacado por piratas y tuvo que refugiarse en las Islas Terceras, las Azores.
Llegó por fin, y sus tres cartas anunciadas en el “Diario de Valencia” llamaron tanto la atención que el Arzobispo Fabián y Fuero le encargo un mapa interior y exterior, hoy perdido. También escribió un “Diario del viaje del autor”, una “Introducción fácil para la reducción de gentiles”, y unas “Notas críticas a la vida del P. Junípero Serra que se imprimió en México en 1784”.
Seduce que empiece la 1ª carta diciendo “no soy capaz de explicar bastantemente el gusto que en medio de mis fatigas Apostólicas me dio la favorecida de Vm., refiriéndome las particulares ocurrencias de esa mi amada Patria Valencia, de mi venerado convento de Predicadores, y de mis conocidos, parientes y amigos”. ¡Veinte años fuera de Valencia no le había hecho olvidar su Patria, escrita con Mayúscula!
Objeto de la escritura es “darle una exacta noticia de los Indios, de sus genios, inclinaciones y enfermedades, de las calidades de estos terrenos, de sus árboles, frutas y semillas que producen, y demás que puedan hacerle formar idea de esta Provincia y sus habitantes. Confieso que no estarán formadas con aquella pureza de estilo que corresponde; pero sí con toda la verdad posible, pues la mayor parte de quanto escribo, ha pasado por mis ojos”.
Todo lo contrario, porque sus noticias son trascendentales para conocer qué sucedía allá por el XVIII en las Californias: “soy de parecer, que en el mundo tal vez no habrá naciones tan pobres, tan infelices y tan faltas de especies intelectuales como éstas… sus deseos por lo común se ordenan a procurar el alimento del día, ni se afanan por tenerlo seguro en el día de mañana… regularmente no tienen gobierno ni conocen Rey, solo algún “capitán”… se mudan continuamente de un sitio a otro, y en distancia de muchas leguas y quando hacen su establecimiento en lugar determinado, no se cuidan si hay o no agua, pues la suplen con las pencas de las piteras… Todos andan desnudos, aunque las mujeres suelen cubrir su naturaleza con unos delantalillos de hilos de pita…”.
Describe su religión, fiestas, entierros y exequias; sus enfermedades, sin médicos; de las epidemias de peste y sarampión; los remedios caseros como zumo de cardón o raíces de “chocuit”. Y por último de sus lenguas, ado y cochimi, sin des ni efes.