Un misionero santo: Luis Bertrán

09.05.08 | 00:49. Archivado en Columnas

No vayan a creer ustedes que los misioneros valencianos, en América, sólo pertenecen al siglo XVIII. Hubo insignes precedentes, como Juan Ferrer, que atravesó el Atlántico ya en 1553; o Jacinto Orfanell que nació en La Jana en 1578 y desarrolló su misión en Filipinas y Nagasaki; o fray Gregorio de Ibi que murió en las misiones de Maracaibo en 1694.

Pero sobre todos, en pleno siglo XVI, destaca la figura de San Luis Bertrán, nacido y fallecido en Valencia (1526-1582); su abuela Úrsula Ferrer, sobrina de Sant Vicent Ferrer; como este, hijo de Notario, que llegado a viudo se retiró a Portaceli. En 1544 tomó el hábito dominicano de manos de Juan Micó. A la edad de 23 años ya recibió el nombramiento de Maestro de Novicios del Convento de Predicadores. Y en 1562 llegó a Cartagena de Indias, actual Colombia, misionando varios años en la costa caribe. Precisamente en el viaje de ida recibió un fuerte golpe en una pierna que le dejó de por vida una visible cojera.

Fue hombre de oración y de disciplina, que llevaba cilicio ordinariamente y dormía siempre vestido sobre un banco, o en la cama si hacía mucho frío. Amargaba los alimentos para no encontrar gusto en ellos, al tiempo que solía decir: “Señor, aquí quema, aquí corta, aquí no perdones, para que me perdones en la eternidad”

Su método misionero era muy simple: oración, penitencia y pobreza, sin bolsa ni alforja. En su misión de Tubara llegó a bautizar unos dos mil indios. Se cuentan de él historias casi fabulosas, como: poner fin a sequías; caminar sobre las aguas de la ciénaga Manzanillo; exprimir arepas produciendo un chorro de sangre para que un encomendero en Usiacuri comprendiera que se estaba alimentando de sangre indígena; convertir un tiro de arcabuz en crucifijo, milagro que reproducen algunas pinturas; neutralizar ataques de fieras; curar enfermos tocándoles con su rosario. Quizá el odio que le tomaron los encomenderos precipitó su regreso a España en 1569.

Cuando llegó al Convento de Santo Domingo, estaba tan macilento y demacrado que tuvo que pasar una larga temporada de absoluto reposo. En 1574 el Capítulo dominicano de la provincia de Aragón le nombró Predicador General, lo que le facilitó recorrer todo el reino de Valencia, siendo elegido el siguiente año Prior del Convento.
Falleció en el convento de San Onofre de Museros; fue beatificado en 1608 (¡hace tres siglos!) y canonizado en 1671. En 1690 fue proclamado “Patrón de la Nueva Granada”, hoy Colombia. Y su fiesta fue de guardar hasta fines de la época colonial.

San Luis Bertrán fue algo más que un misionero humanitarista. El año 1579 tuvo dos intervenciones públicas de responsabilidad e importancia: hizo el sermón de autos organizado por la Inquisición para el grupo de seudo místicos conocido como “los iluminados de Valencia”; y redactó un informe sobre una posible expulsión de los moriscos.

En este informe San Luis Bertrán no se arredra, porque reconoce los bautismos forzados, “aquello no fue bien hecho y pluguiera a Dios que nunca se hiciera”. Pero hecho estaba, y no había otro remedio que reconocer que en el fondo eran herejes y apóstatas que guardaban sus ceremonias en secreto. No debe extrañarnos esta solución, que no es dura, sino radicalmente justa y ética: “no se administre el bautismo a los niños hijos de moriscos, si han de vivir en casa de sus padres, porque hay evidencia moral de que serán apóstatas como ellos, y más vale que sean moros, que herejes o apóstatas”. ¡Qué diferencias traen los tiempos y los fundamentalismos, Jaime I “no obligó” a bautizar a ningún “moro”, respetó su religión y sus leyes!

ROBELUAN INVERSIONES S.L. CIF. B-97772016 - Guillem de Castro, 9 - 8ª 46007 Valencia (España)
Tfno. redacción (+34) 963 030 600 - Tfno. publicidad (+34) 963 030 627
Fax redacción (+34) 963 202 462 Fax publicidad (+34) 963 030 603
redaccio@valenciahui.es - publicidad@valenciahui.es