La importancia del siete

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25.05.08 | 00:53. Archivado en Vicente L. Simó Santonja

La importancia del siete es un ejemplo demostrativo de que la ciencia y sus conocimientos son variables, o cuanto menos superables. ¿Qué siete es hoy en día el más “discutible”?

Ya casi nadie se acuerda, aunque lo recuerda cuando se lo recuerdan, que los días de la semana son siete; siete la notas musicales; siete los colores del arco iris; siete los pecados capitales (recuerdo como primero, la soberbia); siete las bellas artes; siete las maravillas del mundo; siete los sabios de Grecia; siete las colinas de Roma; hubo guerras de siete semanas y de siete años; siete los Infantes de Lara; siete las frases de Écija; siete el número clave de muchas películas (Seven, Los siete samuráis, Los siete días de mayo, Siete novias para siete hermanos, o hasta el número equivocado: La estructura septenaria del Apocalipsis, en la que no entro para no marear la perdiz); siete los libros de Harry Potter; siete las vacas gordas y siete las flacas; y tantos otros “sietes”, que se caen de la lista.

Pero entre tanto siete, como no podía ser menos sociológicamente hablando por aquello del fenómeno llamado “fútbol”, aparece ahora un problema creado quizá por su soberbio autor, ¿quién es el siete de España?. Nos lo recuerda en cada gol que marca (que son aún muchos) Raúl (creo que de apellido González). Siempre va al rincón no como castigado sino como vencedor, para recordar que él es el siete, el y nadie más; no hay otro siete. Señala su espalda y con los dos pulgares en dirección al número viene a recordarnos: yo soy el siete de España.

No deja de ser una puerilidad, o una soberbia, si es que piensa, como parece que es el único. Sencillamente porque cuando falla un gol (que los falla), o comete un error de entrega o recepción, también debía señalar su “siete” para reconocer humildemente: el siete también falla, porque es humano. ¿Por qué será que ningún cuarenta (que los hay, o veintidós, que los hay) cuando mete un gol nos señala su número?. Un tal Contra, rumano, metió un gol al Munich para “enmarcar”, y no señaló su número. Juega por cierto en el Getafe.
El problema del número siete empieza con el fraude “posicional”, porque antes siete significaba extremo derecha, Epi por ejemplo. Hoy el número juega a veces al despiste, porque el siete es un nueve emboscado, y habría que preguntar a don Raúl si cuando nos señala su siete está queriendo señalar el nueve de delantero centro, que aunque se reencarne en nuevo nacimiento jamás podrá arrebatar por ejemplo a Zarra, don Telmo.

Podría ser que cada “señalamiento” de siete sea un aviso a don Luis Aragonés, que no lo selecciona “ni a tiros” (sus razones tendrá, porque España tiene sietes y nueves, y otros emboscados que superan a don Raúl). El problema no es de números, sino de “jugadores en forma”; lo que hace que un buen carrilero de medio o largo recorrido pueda superar, en efectividad, al más agudo siete.

El problema radica en convencer a don siete, que se considera único siete, don Raúl, en que su gesto ya cansa, por esperado; parece soberbio, cuando lo mejor sería callar el siete dorsal, porque hay otros siete o nueve o catorce que son más efectivos que él mismo cara a gol. ¿Qué números lucen Luis Fabiano, Cristiano Ronaldo, Eto’o, Villa o Forlan o Capel o Fernando Torres… y algunos más? ¿Cuáles son sus gestos de celebración y reivindicación?. Se podrá criticar hacer la rana, el perro, torear o cantar al sol, pero señalarnos el siete, como si no lo viéramos, es cuanto menos inmodesto. Y conste que quizá don Raúl, sea más modesto de lo que demuestra con su reiterada referencia a “su siete”.

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